BAR THELONIOUS (el blog de Iñigo García Ureta)


NIÑOS
16, 02 2007, 9:28 am
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Conocí a un escandinavo cuyo padre lo apaleaba y, tal vez por eso, acabó llevando lo que se conoce como “mala vida”. Un día se decidió a cambiar, habló con un amigo y éste, al ver cómo se tensaba al describirle sus primeros años de vida, le aconsejó vivir una segunda infancia. Al escandinavo -eso me contó- le costó unos años adivinar qué podía ser eso, pero luego lo hizo. Hoy vive más tranquilo, hace menos daño a sus seres queridos porque ya no se siente un víctima y se quiere un poco más. Eso me dijo, aunque yo no lo conocía antes y no sé cómo era antes de su segunda infancia.

Se dice que ésta, la infancia, es crucial, que deja una marca imborrable en nosotros. Todos, los privilegiados como yo y los que no lo han sido, la recordamos a veces con un punto de amargura, porque nos creímos impotentes e inocentes y la vida y los demás nos golpearon en alguna ocasión: por eso podemos solidarizarnos con quienes no tuvieron jamás acceso a esa sala de espera de la vida que es la infancia, y se dieron de bruces con la vida adulta.

Existen al menos 250.000 niños soldado en el mundo. En este vínculo -y pinchando luego donde dice: “Audio Slide Show: My first deadly encounter with child soldiers”, lamento la ineptitd tecnológica- se puede ver una pequeña semblanza de su situación. No es necesario saber inglés para leer las fotografías, en especial si uno respeta el hecho innegable de que todos somos iguales, independientemente del color de nuestra piel o nuestro lugar de procedencia. Que un niño de diez años de Sierra Leona es un niño de diez años antes que nada, como lo fuimos nosotros. Lo más seguro es que ellos no tengan la oportunidad que tenemos nosotros de vivir una segunda infancia, aunque dure sólo un fin de semana, para hacer menos daño a nuestros seres queridos, para no sentirnos víctimas de nada, querernos un poco más, celebrar que nadie nos puso un fusil en la mano cuando aún éramos unos renacuajos o, en el peor de los casos, preguntarnos por qué nos sentimos distintos o mejores que esos críos, por qué creemos que su situación es tan distinta de la nuestra, que eso jamás nos podría haber sucedido.



POR QUÉ SIEMPRE ME PONGO DEL LADO DE LOS PERROS
14, 02 2007, 8:43 am
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(c) Gary Larson.



NO HAY NADA QUE NO PUEDA ESPERAR HASTA QUE TE CALMES
13, 02 2007, 8:29 am
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Todos conocemos momentos en que sentimos un impulso irrefrenable por lanzarnos al cuello de alguien. ¿Qué hacer entonces? La receta que aquí ofrezco me la dio un amigo cordobés: Rafa, de hecho, asegura tomarse una cada mañana y jura que funcionan. Yo llevaba tiempo buscándolas y por fortuna otro amigo, Xabi, que ahora vive en Managua -este mundo es un pañuelo- ha tenido la deferencia de enviarme una caja. Y sí, la medicación funciona…

…aunque no siempre deba uno admitir que se medica.



“LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO”
12, 02 2007, 2:21 pm
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Se veía venir: tanto porno gratis gratis a altas horas, tanta modelo despelotada para vender margarina, tanto programa de cotilleos con galanes incansables y ninfas sedientas… todo eso ha acabado por convertirnos en unos acojonados. Según una encuesta británica de noviembre del año pasado y publicada en The Lancet -no incluyo vínculo porque es de pago-, un tercio de la población inglesa entre 16 y 24 años (que es la edad cuando uno no se cree lo que pone en las esquelas de las cajetillas de tabaco) se abstuvo de mantener relaciones sexuales durante el último año. Dado que por lo general la gente miente al revés (es decir, exagera sus dotes amatorias) y que Inglaterra sigue siendo un país medianamente sincero a la hora de contestar encuestas, o al menos más que España, no parece una locura sugerir que nos brindamos menos cariños que nunca. El sociólogo Frank Furedi elucubra que quizás se deba a que la gente cada vez tiene más miedo a no estar a la altura (lo que equivale a decir -pongamos un ejemplo chusco- que uno deja de pegarle patadas a un balón porque vio una final de la Champions) , o a no ver satisfechas sus espectativas (lo que equivale a decir -pongamos otro ejemplo insulso- que la gente prefiere no ducharse porque puede fallar el agua caliente y menudo chasco).

Por lo general, el sexo no es sino un reflejo de todo lo demás, aunque tendemos a darle mucha importancia poque habitualmente nos pilla en pelotas. Así, hay quien se niega a hablar en otro idioma que ha estudiado por no meter la pata o carecer del más pulido acento autóctono, quien jamás aprenderá a pintar por no poder ser un Picasso y quien, como yo, jamás se atreverá a bailar porque no tiene ni puñetera idea de cómo hacerlo. Cuando esto sucede, uno puede dejar de darse tanta importancia como para aceptar que no es el puto amo en todo lo que hace, por ejemplo, o, si la ninfa sigue sedienta, ofrecerse a hacer el desayuno.



David Jubb
12, 02 2007, 9:07 am
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Sí, es lunes. Un día complicado, para qué negarlo. Pero podría ser peor: podrías ser el hijo de David Jubb. No porque este australiano tenga pinta de carahuevo y acostumbre a beber su propia orina, lo que a fin de cuentas no es tan raro, ni porque -según afirma- haya dejado de comer hace años y se alimente de aire y luz, ni porque se niegue a darte carne, leche o cualquier cosa que esté cocinada. Ni siquiera porque afirme que tu madre está como una cabra o porque cuando te rompes un tobillo con año y medio se niega a llevarte al médico y se limita a fijártelo con un par de palillos chinos, sino porque sus locuras te harían salir en prensa, y el lunes no es buen día para hacerlo. Si logras llegar a la noche sin haber salido en las noticias, habrás conseguido afrontar la semana con valentía y buen tino. Ánimo.



NINGÚN CAMPEÓN PERDIÓ EL TÍTULO POR BESAR LA LONA
8, 02 2007, 2:58 pm
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Sammy Davis Jr. no siempre tuvo la vida fácil. Empezó a trabajar a los tres años de edad, jamás conoció un domicilio fijo y supo de primera mano lo que era la segregación racial: a su tío, a su padre y a él -El trío de Will Mastin, se hacían llamar- les negaban la cama en hoteles, no podían tomar un taxi, les pagaban menos que a otros más ineptos, pero de piel más clara. Cunado lo llamaron a filas le rompieron la nariz tres veces por tratar de impedir que le robaran. Tocaba la batería, la trompeta, cantaba, hacía imitaciones, bailaba como un ángel, y aun así le negaban la entrada en todos los lugares donde décadas más tarde terminaría triunfando. Todo eso lo llevó, al final de sus días, a soltar esta joya: “Si hubiera sabido que iba a vivir tanto me habría cuidado un poco más”.

Cuando empezaba a ser conocido, perdió un ojo en un accidente automovilístico.

Estaba compadiéndose de sí mismo, tumbado en la cama del hospital, cuando alguien puso la radio. Entonces oyó esto: “Recuerda Sammy, ningún campeón perdió el título por besar la lona, sino por no volver a ponerse en pie y plantar cara”.

La frase sigue siendo válida y para entenderla no hace falta quedarse tuerto.



ESPERA LO MEJOR, PERO ESTATE PREPARADO PARA LO PEOR
6, 02 2007, 10:37 am
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Todos, absolutamente todos sufrimos desde la semana pasada por las monjitas del convento de san Kirikos, todos rezamos por las 55 hermanas de Sidirokastro que, tras acumular una deuda de 600.000 euros, tuvieron que salir en estampida y ahora vagan si duda por algún lugar alejado de la mano de Dios, atracando gasolineras para poder comer. Es duro, pero hemos sido solidarios. Me consta que nadie -salvo Esperanza Aguirre y Cat Stevens- se ha quedado de manos cruzadas en este caso.

Me consta asimismo que hemos aprendido la lección. Así es; por lo general, no hay razón alguna para no esperar lo mejor. Y, no obstante, uno siempre debería estar preparado para recibir un jarro de agua fría: cómo iban a saber ellas, cuando firmaron un crédito con el banco por valor de un cuarto de millón de euros, que su negocio de bordados iría a pique: a fin de cuentas, la vida tiene sus propias reglas y, como sugiere Jack Nicholson en Infiltrados, a veces parece que Dios no es el dueño del bingo… Aunque también es cierto que aprieta pero no ahoga.

En este mundo ha habido grandes fugitivos (Bonnie & Clyde, Ronnie Biggs, el Dioni…), pero nadie tan adorable como nuestras monjitas. Creo hablar por todos cuando desde aquí les deseo libertad y suerte.



Stephen Levine
2, 02 2007, 12:44 am
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Un amigo me habló de un budista americano llamado Stephen Levine y, como suele sucederme con frecuencia, no fue tanto lo que dijo como la forma en que lo dijo lo que me impulsó a comprar uno de sus libros. Me contó que Levine lleva 20 años trabajando con enfermos terminales y condenados del Corredor de la Muerte, y que había escrito un libro titulado A Year To Live, en el que comentaba su propia experiencia al haber vivido durante todo un año como si fuera el último. Que, según Levine, asumir que uno tiene los días contados genera un efecto liberador en mucha gente, un efecto que en ocasiones los ayuda a adivinar qué es lo que les gusta de verdad, a hacer las cosas para su propio solaz y no para contárselas a los demás, e incluso a arreglar los asuntos que tenían pendientes con otros y que, como es habitual entre personas, les hacían sufrir mucho más de lo deseable. La madre de mi amigo tiene mal de Alzheimer en fase avanzada, y supongo que él buscó en el texto de Levine una forma de afrontar esa otra muerte previa, y de sanar a su vez.

El libro me gustó, aunque he de ser sincero y declarar que tiendo a tener prejuicios contra lo que pueda entenderse por autoayuda: no por quien lo escribe ni por quien lo consume, sino por mí, pues en ocasiones tiendo a pensar que una página leída de corrido tiene que valer mucho más o menos que lo que en realidad vale.

No obstante, encontré dos ideas que me resultan útiles. La primera parece un chiste, y creo que lo es. Hemos de tener en cuenta que Levine colabora en muchas ocasiones con enfermos que sufren grandes dolores antes de fallecer. Eso implica que parte de su trabajo consiste en tratar de amainar esos dolores sin recurrir a fármacos. Para ello, basa gran parte de su trabajo en un tipo de meditación que consiste en relajar los músculos del vientre todo lo posible, y que denomina “Soft Belly Meditation”, o meditación de la tripa blanda. Cuando uno cae en la cuenta de que una gran parte de la población se obsesiona con anuncios nocturnos para forjarse unos abdominales de hierro, y que seguramente pase sus últimos días intentando desandar ese trabajo y aflojar el vientre lo bastante como para morir más tranquila, no puede dejar de hallarle cierta ironía al asunto.

La segunda idea es ésta: Levine sugiere no pensar en “nuestro” dolor, sino en “el” dolor. Uno, es cierto, tiende a creer que su dolor (de muelas, de cabeza, de lo que sea) es algo privado, algo que sólo le visita a él y en esa parte de su cuerpo. Dice:

Cuando es ‘mi’ depresión, ‘mi’ cáncer, ‘mi’ sida, me aislo de mi mayor fuente de consuelo. Pero cuando es ‘la’ depresión, me lo tomo de forma menos personal y no me intimida investigar cómo es, de qué trata. Cuando me falla la autoestima, cuando experimento ‘mi’ poca valía, me siento inválido para explorarla, pero cuando me enfrento al sentimiento de ‘la’ poca valía -ese dolor que a tantos afecta-, de inmediato éste se ve envuelto de cierta compasión que aflora de mí mismo. Se dice que primero debemos amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás, y es cierto. Pero lo contrario también es cierto. Debemos amar a otros antes de amarnos a nosotros, antes de que podamos reconocernos. Sentir la universalidad de nuestra condición común nos ofrece una vía más amplia para sanar. (…) Cuando es ‘el’ dolor, cuenta con todo el universo para flotar y desplazarse; cuando es ‘mi’ dolor, me encuentro encerrado a solas con él sin salida.

No sé de que puede valer esta cita, anotada ahora de corrido, si será muy útil, o poco, o menos, o nada. Si por un casual inspira a alguien un pensamiento feliz, aunque dure una centésima de segundo, el tiempo y el esfuerzo que me movieron a comprar el libro y leerlo, así como el tiempo y el esfuerzo de quien ahora lo lee, habrán valido la pena.



¿ERES RARO? NO, NO ERES RARO
1, 02 2007, 8:16 am
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El problema de guardar secretos es que acabamos por creernos especiales y únicos. Uno tiene predilección por esto, se siente tentado a probar eso o se excita pensando en aquello y no se atreve a admitirlo ante nadie, porque piensa que es algo inusual o socialmente inaceptable. Puede tratarse de la cosa más banal del mundo, pero lo cierto es que si se lo guarda acabará invariablemente por sentirse culpable, que es siempre el primer paso para sentirse “especial”, lo que en el fondo equivale a creerse único, compararse con los demás en términos de mejor o peor y sufrir una barbaridad, porque si uno es único los demás siempre serán una amenaza. Ya lo dijo el poeta: “…y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso“.

Lo cierto es que el mundo está lleno de locos, benignos o malignos, y que todos, todos sin excepción, somos víctimas de la excentricidad. Hay gente para todo: hay quien adora perder las horas de sobremesa viendo cómo un puñado de pánfilos hablan de cuando éste se acostó con aquélla; hay quien es capaz de amargarse un lunes porque la noche anterior sus once chicos no dieron las patadas adecuadas, en vez de alquilarse una de kung fu. También hay quien puja en Internet por un chicle mordido que lo enfurecería de llevarlo en la suela del zapato, quien colecciona sellos usados (o muñecas de porcelana o estampitas de la virgen o multas de tráfico, o mechones de pelo o cera de orejas), quien cree que la mujer con la que se acostado lo considera un atleta, olvidándose de que le ha cobrado una fortuna. (Yo mismo no dejo de escuchar de forma obsesiva, a diario, las canciones de Paul Weller, lo que en principio no parecería raro, de no ser porque ya van muchos años seguidos que no escucho nada más y sigo sin cansarme. Un día me lo encontré en un supermercado, a las ocho y media de la mañana, y escapé de allí acojonado, sintiéndome un fan, y apagué el iPod.) Ymelda Marcos y Michael Jackson sólo tuvieron dinero para llevar a la práctica sus fantasías, pero lo cierto es que en cualquier casa de vecinos hay alguien que parece serio y es funcionario y los vecinos lo ponen como ejemplo de conducta a sus hijos… Hasta que luego descubren que el vecino aprovechaba las noches de domingo para disfrazarse de folklórica, de rapero o de personaje de Star Trek. O que canta en un coro. Ya te interese la física nuclear, la doma de pulgas o las mujeres cuyos pechos pesen más de ocho kilos, recuerda que no eres el único. Seguro que para algunos ocho kilos no es nada.

El pseudónimo de Susan Smith esconde a una mujer que afirma que sólo se sentirá completa cuando haya perdido ambas piernas. En junio del año pasado consiguió por fin que le amputaran la izquierda, después de increíbles sufrimientos y quemaduras diversas que se provocó ella misma para que los médicos la tomaran en serio. Ella sí que se toma en serio y, según afirma, nunca falla. Uno encuentra su testimonio en este vínculo de the Guardian. Su lectura es como hacer gárgaras con gasolina sin plomo: marea un montón y tal vez sea tóxico, pero lo cierto es que limpia las encías como nada en el mundo.

¿Crees que eres raro? No, no lo eres. A día de hoy no es fácil, y para serlo hay que estar dispuesto a que te corten ambas piernas, y tal vez las orejas, y tal vez el rabo, como el alemán ese que puso un anuncio en Internet y encontró a alguien dispuesto a comérselo. En el fondo, no eres sino un vulgarcillo. Como tú, como yo y como tu vecino el tímido. O como Paul Weller, que afirma que no es cierto que se pase todo el día escuchando sin descanso a su banda favorita, los Small Faces, que se disolvieron hace ya más de treinta años: “No, no todo el día, sólo por las mañanas, de diez a doce y media, nada más”. Esta frase, que para cualquier otro suena a paparrucha, para mí fue un consuelo y un descanso, la verdad.



COSAS QUE DA EL DINERO A CAMBIO DE FELICIDAD #1
31, 01 2007, 10:33 am
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