BAR THELONIOUS (el blog de Iñigo García Ureta)


NO SUFRAS POR DINERO
21, 11 2006, 9:14 pm
Archivado en: Excepciones

Lo cuenta Edward Behr en su fabuloso Anyone Here Been Raped and Speaks English? [¿Hay alguien aquí que haya sido violado y hable inglés?] y durante meses lo he guardado como oro en paño, hasta darme cuenta de que las buenas anécdotas son como la música, otro producto contaminante. Le sucedió en Sumatra, durante la II Guerra Mundial.

Entre otras cosas, Behr se dedicaba a abastecer a la tropa. Las autoridades locales, cansadas de los invasores, habían impuesto un embargo que le dificultaba la tarea. Para colmo, quedaba la cuestión de cómo pagarles cuando se avenían a venderle frutas, verduras o pollos: corrían por allí diversas divisas, la esterlina y el yen, el dólar y la rupia, mugrientos doblones de oro y añejos billetes chinos, etcétera. A veces le dejaban pagar en ron y ginebra, pero eso no siempre surtía efecto.

Encontró una isla en la costa occidental de Sumatra con poca agitación nacionalista, un lugar donde burlar el embargo y llevar de comer a la tropa. En principio, los isleños no tuvieron reparo en abastecerle de víveres, pero no se fiaban de los guilders japoneses que Behr solía ofrecerles. Ahí ocurre la genialidad.

En el campamento, Behr toma prestado un juego de Monopoly, coge los billetes, acude a la isla y se llena de pollos y lechugas. Luego habla con el jefe. Le dice que ésa es una divisa de la que se puede fiar. A fin de cuentas, los billetes parecen tan reales como los de cualquier otra moneda. Más tarde hace que sea un nuevo oficial quien compre a los isleños con billetes de Monopoly. De este modo, se acaban fiando de que la divisa Monopoly está en regla.

Behr dice que seis meses después, cuando un amigo suyo regresó a la isla, el dinero de Monopoly había desbancado al yen japonés.

El Monopoly lo inventó un hombre en paro, Charles B. Darrow, de Germantown, Pennsylvania, durante la gran depresión. A sus vecinos les gustaba, algunos le encargaron un juego para tener en casa, cuyas piezas él fabricaba de forma artesanal. De este modo, podía ir tirando. Se lo ofreció a los hermanos Harper, quienes al principio desecharon la oferta de producirlo y comercializarlo. Sólo cuando Darrow llevaba hechos cinco mil juegos caseros se lo aceptaron. Él se jubiló joven y millonario.

Cada vez que me preocupo por temas de dinero o compro una lechuga, procuro recordar que es posible hacerse rico dibujando billetes.

(c) Iñigo García Ureta, 2006.


Aún no hay comentarios por mucho
Deja un comentario



Deja un comentario
Línea y párrafo se rompe automáticamente, direcciones email nunca se muestran, permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>