Archivado en: para listillos
Nada más cierto que esta falsa fábula.
Cada vez que oigo que alguien usa el adverbio «exactamente» me acuerdo de una antigua novia. Ella tenía la manía de usarlo, ese mismo adverbio, exactamente. «¿Cómo puedes—le decía yo— pretender que te explique algo exactamente? ¿Te crees que leo el BOE? ¿Acaso me ves cara de cronómetro?» A pesar de ser un buen tipo, con sentido común, aquello me enfurecía. Que conste que yo no era perfecto ni hablaba con propiedad, pero, pensaba, jamás habría tenido la desfachatez de pedir nada exactamente.
El caso es que ella no dejaba de exigirme que por favor se lo hiciera todo exactamente. Al final, un buen día me negué a hablar, temeroso de que quisiera que le explicase la película que había visto el día anterior exactamente: ¿ansiaba acaso que remedara para ella cada rictus de Woody Allen mientras lleva una media en la cabeza y pretende robar un banco? ¿Qué le contara la película a tiempo real, con las acotaciones que uno lee en los subtítulos para sordos y los fundidos en negro y demás? ¿O era aún peor, y lo que quería era que le dijera qué sucursal de qué entidad bancaria había querido robar Woody? Era previsible: todo aquello me llevó a odiarla con todas mis fuerzas y en silencio.
Como buen cobarde, el día que me mandó a la mierda rompí mi silencio, pues me sentí en la obligación de preguntarle por qué se aventuraba a pasar una vida de soledad y frustraciones. Los primeros trescientos veintiocho reproches sobre mi mal carácter y ausencia de higiene tenían su fundamento, eso lo admito. Pero luego tuvo la desfachatez de acusarme de ser también demasiado literal. Sobra decir que me largué sin despedirme.
Todos hemos sido jóvenes, todos hemos vagado solos por la ciudad inhóspita, por necesidad todos nos hemos visto obligados a acudir a una biblioteca pública.
Busqué en el diccionario: «literal.(Del lat. litterālis).1. adj. Conforme a la letra del texto, o al sentido exacto y propio, y no lato ni figurado, de las palabras empleadas en él.» No sabía qué significaba lato: «lato, ta.(Del lat. latus). 2. adj. Se dice del sentido que por extensión se da a las palabras, sin que exacta o rigurosamente les corresponda». Nada estaba claro. De forma un poco lata, se podía deducir que ser demasiado literal venía a significar que uno pretendía encontrar un sentido exacto en las palabras de tu interlocutor. Pero, ¿cómo podía pretender yo buscar un sentido exacto cuando era precisamente yo quien le reprochaba que me lo pidiera todo exactamente? Aquello era para volverse loco. Decidí dar marcha atrás. Busqué «exactamente» y vi que significaba «con exactitud». Busqué «exactitud» y vi que venía de «exacto». Busqué exacto: «exacto, ta.(Del lat. exactus).1. adj. Puntual, fiel y cabal».
El diccionario no miente. Ella había exigido demasiado de mí. Aunque la culpa había sido mía, por hacerle caso. Desde entonces, sólo accedo a intentar saciar los deseos ajenos cuando lo juzgo oportuno, siempre que no haya ninguna prisa y tenga un diccionario a mano.
(c) Iñigo García Ureta, 2006.
Aún no hay comentarios por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>