BAR THELONIOUS (el blog de Iñigo García Ureta)


NO SUFRAS POR EXTRAVIAR NADA
9, 12 2006, 6:06 pm
Archivado en: Excepciones

Uno cree que ha dejado las llaves (o las gafas de ver, o el pase del metro) en una chaqueta. Estaba seguro, pero se ha equivocado. A veces las llaves aparecen tres chaquetas más tarde, y en un cajón.

Los ejemplos son múltiples, cualquiera que tenga un mando a distancia o un teléfono móvil conoce lo mucho que tendemos a extraviar las cosas. Una vez, al ducharme, lo encontré todo borroso, y medio minuto más tarde descubrí que llevaba las gafas puestas… y enjabonadas.

Hay quien se topa con veinte euros entre las páginas de un libro. Hay quien encuentra fotos, billetes viejos de autobús, notas de una vida pasada. Hay quien busca palabras en la punta de la lengua: cómo se llamaba el tipo ése, cuál era el título de la canción, el nombre del pueblo en que…Se empeña, pero no sale. Hace falta desentenderse para recordar más tarde.

Todo aquello que acontece en nuestro piso nos demuestra que somos imperfectos, que olvidamos, que extraviamos, que la memoria es y no es de fiar. Esto no es óbice para que no tengamos los mismos derechos que cualquiera, y puede servir para que, al menos durante medio minuto, nos dediquemos a aceptar que todo lo que en principio nos define porque estamos seguros de ello (como es el lugar donde habíamos dejado las llaves), porque lo recordamos (como el título de una canción de hace dos décadas), o por cualquier otra cosa, en realidad no nos define, o no nos define más que tener una prueba de haber viajado en autobús en una vida pasada. Un peso menos. Una obligación menos. Menos responsabilidad. Yo estaba seguro de que el mundo se había vuelto borroso y era sólo que me estaba duchando con gafas: la segunda opción [ésta, la de ducharse con gafas] es, con diferencia, mucho menos rotunda que la de un mundo borroso, y siempre favorable. Cuando uno admite que puede estar equivocado no siente la tentación de defender sus puntos de vista de forma incansable, y la gente le quiere más. No precisa respuestas exactas y su cerebro hace menos ruido. Se acostumbra a la paciencia y su corazón se lo agradece. Y todo por no recordar dónde dejó el mando a distancia.

(c) Iñigo García Ureta, 2006.


Aún no hay comentarios por mucho
Deja un comentario



Deja un comentario
Línea y párrafo se rompe automáticamente, direcciones email nunca se muestran, permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>