Archivado en: Excepciones
David James Brooks Jr., es un vecino de Atmore, Alabama, y tiene 62 años. La semana pasada su amigo Dan Gulley Jr., de 70 primaveras, le pegó dos tiros en el abdomen. Brooks se apretó las tripas, fue a su coche, cogió su pistola e intentó matar al septuagenario Gulley, pero falló, y entonces se dirigió a la comisaría a denunciarlo. Ahora está en el hospital. Su amigo Gulley también se pasó por la comisaría y ahora está en un calabozo. No habían bebido. Sólo discutían sobre la altura del difunto cantante James Brown.
Dejemos de lado la relevancia de la discusión: ambos son ya mayorcitos para saber qué importa y qué no en esta vida. Dejemos también de lado el hecho de que ahora estén comiendo mal, que no es bonito disparar a los amigos, sobre todo si se tiene mala puntería, y que tampoco está nada bien eso de hablar de los muertos. Lo único que importa es que nadie supo a ciencia cierta cuánto medía James Brown.
Y que a veces, cuando se discute y para colmo se pretende tener razón, conviene pensar en lo mucho que se descojonarán de uno días más tarde.
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