BAR THELONIOUS (el blog de Iñigo García Ureta)


SÉ CONSCIENTE DE LO QUE APRENDES
17, 01 2007, 12:58 am
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Hoy no diré nada nuevo.

La televisión es un modelo de enseñanza ejemplar: gratis y extremadamente formativa, modela las mentes de todos. La mejor prueba de ello es que desde hace años -y esto se puede comprobar en cualquier sobremesa con vino- las canciones populares, que perduraron durante décadas, han sido sustituidas en la memoria colectiva no sólo por las de Eurovisión, sino por las sintonías de los anuncios televisivos y series de dibujos animados que escuchamos en la infancia. (Nada más nostálgico que aquélla del Colacao con el “negrito del África tropical” que vivía cultivando y cantaba hasta que un buen día se metió en un cayuco y ahora toma el sol en nuestras playas, aunque no lo necesite.)

Así, cada sobremesa, la gente aprende un montón de nombres de personas cuyos méritos suelen consistir en haber copulado con otros, y los españoles -pueblo aplicado y franco donde los haya, no pun intended- no sienten el menor reparo en admitir que no sólo aprenden sus nombres, sino que para colmo los recuerdan, y mira que florecen nuevos copuladores* cada mes y que, como sabe cualquiera que haya asistido a una boda, recordar más de dos nombres nuevos requiere muchísimo, muchísimo esfuerzo.

El fenómeno no es privativo del país donde vivo: el 19 por ciento de los estudiantes de universidad estadounidenses cree que Martin Luther King fue el responsable de la abolición de la esclavitud en su país. Esto sugiere que no consideran relevante conocer la figura del reverendo. Me apuesto el brazo a que saben cambiarle las pilas al mando a distancia. Así está el mundo.

Yo mismo desconozco la lista de los reyes godos que de tan de moda estuvo el siglo pasado, aunque sería capaz de aventurarme a recitar los nombres de al menos siete personajes de Los Simpson, y siempre -es decir, desde hace más de diez años- he considerado a Homer un ídolo. Ahora bien, qué saco yo de esta variedad de conocimiento, bueno, eso aún no lo sé. Ni siquiera estoy seguro de si hallaré alguna lección escondida en todo ello o me quedaré calvo, o me daré a la obesidad, o votaré a unos rufianes que no cumplan ni una de las promesas realizadas durante la campaña electoral. Mientras aguardo a que mi intelecto reaccione y me dé alguna pista, sopeso que tal vez merezca la pena ser consciente de lo que aprendo, para al menos poder un día recordar a qué dediqué mi tiempo.

*Tanto es así que la mayor pirueta lingüística de los últimos años, el enunciado “practicar sexo”, como si el sexo fuera algo que pudiera practicarse, se creó específicamente para ellos.


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