BAR THELONIOUS (el blog de Iñigo García Ureta)


David Jubb
12, 02 2007, 9:07 am
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Sí, es lunes. Un día complicado, para qué negarlo. Pero podría ser peor: podrías ser el hijo de David Jubb. No porque este australiano tenga pinta de carahuevo y acostumbre a beber su propia orina, lo que a fin de cuentas no es tan raro, ni porque -según afirma- haya dejado de comer hace años y se alimente de aire y luz, ni porque se niegue a darte carne, leche o cualquier cosa que esté cocinada. Ni siquiera porque afirme que tu madre está como una cabra o porque cuando te rompes un tobillo con año y medio se niega a llevarte al médico y se limita a fijártelo con un par de palillos chinos, sino porque sus locuras te harían salir en prensa, y el lunes no es buen día para hacerlo. Si logras llegar a la noche sin haber salido en las noticias, habrás conseguido afrontar la semana con valentía y buen tino. Ánimo.



ESPERA LO MEJOR, PERO ESTATE PREPARADO PARA LO PEOR
6, 02 2007, 10:37 am
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Todos, absolutamente todos sufrimos desde la semana pasada por las monjitas del convento de san Kirikos, todos rezamos por las 55 hermanas de Sidirokastro que, tras acumular una deuda de 600.000 euros, tuvieron que salir en estampida y ahora vagan si duda por algún lugar alejado de la mano de Dios, atracando gasolineras para poder comer. Es duro, pero hemos sido solidarios. Me consta que nadie -salvo Esperanza Aguirre y Cat Stevens- se ha quedado de manos cruzadas en este caso.

Me consta asimismo que hemos aprendido la lección. Así es; por lo general, no hay razón alguna para no esperar lo mejor. Y, no obstante, uno siempre debería estar preparado para recibir un jarro de agua fría: cómo iban a saber ellas, cuando firmaron un crédito con el banco por valor de un cuarto de millón de euros, que su negocio de bordados iría a pique: a fin de cuentas, la vida tiene sus propias reglas y, como sugiere Jack Nicholson en Infiltrados, a veces parece que Dios no es el dueño del bingo… Aunque también es cierto que aprieta pero no ahoga.

En este mundo ha habido grandes fugitivos (Bonnie & Clyde, Ronnie Biggs, el Dioni…), pero nadie tan adorable como nuestras monjitas. Creo hablar por todos cuando desde aquí les deseo libertad y suerte.



Stephen Levine
2, 02 2007, 12:44 am
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Un amigo me habló de un budista americano llamado Stephen Levine y, como suele sucederme con frecuencia, no fue tanto lo que dijo como la forma en que lo dijo lo que me impulsó a comprar uno de sus libros. Me contó que Levine lleva 20 años trabajando con enfermos terminales y condenados del Corredor de la Muerte, y que había escrito un libro titulado A Year To Live, en el que comentaba su propia experiencia al haber vivido durante todo un año como si fuera el último. Que, según Levine, asumir que uno tiene los días contados genera un efecto liberador en mucha gente, un efecto que en ocasiones los ayuda a adivinar qué es lo que les gusta de verdad, a hacer las cosas para su propio solaz y no para contárselas a los demás, e incluso a arreglar los asuntos que tenían pendientes con otros y que, como es habitual entre personas, les hacían sufrir mucho más de lo deseable. La madre de mi amigo tiene mal de Alzheimer en fase avanzada, y supongo que él buscó en el texto de Levine una forma de afrontar esa otra muerte previa, y de sanar a su vez.

El libro me gustó, aunque he de ser sincero y declarar que tiendo a tener prejuicios contra lo que pueda entenderse por autoayuda: no por quien lo escribe ni por quien lo consume, sino por mí, pues en ocasiones tiendo a pensar que una página leída de corrido tiene que valer mucho más o menos que lo que en realidad vale.

No obstante, encontré dos ideas que me resultan útiles. La primera parece un chiste, y creo que lo es. Hemos de tener en cuenta que Levine colabora en muchas ocasiones con enfermos que sufren grandes dolores antes de fallecer. Eso implica que parte de su trabajo consiste en tratar de amainar esos dolores sin recurrir a fármacos. Para ello, basa gran parte de su trabajo en un tipo de meditación que consiste en relajar los músculos del vientre todo lo posible, y que denomina “Soft Belly Meditation”, o meditación de la tripa blanda. Cuando uno cae en la cuenta de que una gran parte de la población se obsesiona con anuncios nocturnos para forjarse unos abdominales de hierro, y que seguramente pase sus últimos días intentando desandar ese trabajo y aflojar el vientre lo bastante como para morir más tranquila, no puede dejar de hallarle cierta ironía al asunto.

La segunda idea es ésta: Levine sugiere no pensar en “nuestro” dolor, sino en “el” dolor. Uno, es cierto, tiende a creer que su dolor (de muelas, de cabeza, de lo que sea) es algo privado, algo que sólo le visita a él y en esa parte de su cuerpo. Dice:

Cuando es ‘mi’ depresión, ‘mi’ cáncer, ‘mi’ sida, me aislo de mi mayor fuente de consuelo. Pero cuando es ‘la’ depresión, me lo tomo de forma menos personal y no me intimida investigar cómo es, de qué trata. Cuando me falla la autoestima, cuando experimento ‘mi’ poca valía, me siento inválido para explorarla, pero cuando me enfrento al sentimiento de ‘la’ poca valía -ese dolor que a tantos afecta-, de inmediato éste se ve envuelto de cierta compasión que aflora de mí mismo. Se dice que primero debemos amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás, y es cierto. Pero lo contrario también es cierto. Debemos amar a otros antes de amarnos a nosotros, antes de que podamos reconocernos. Sentir la universalidad de nuestra condición común nos ofrece una vía más amplia para sanar. (…) Cuando es ‘el’ dolor, cuenta con todo el universo para flotar y desplazarse; cuando es ‘mi’ dolor, me encuentro encerrado a solas con él sin salida.

No sé de que puede valer esta cita, anotada ahora de corrido, si será muy útil, o poco, o menos, o nada. Si por un casual inspira a alguien un pensamiento feliz, aunque dure una centésima de segundo, el tiempo y el esfuerzo que me movieron a comprar el libro y leerlo, así como el tiempo y el esfuerzo de quien ahora lo lee, habrán valido la pena.



¿ERES RARO? NO, NO ERES RARO
1, 02 2007, 8:16 am
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El problema de guardar secretos es que acabamos por creernos especiales y únicos. Uno tiene predilección por esto, se siente tentado a probar eso o se excita pensando en aquello y no se atreve a admitirlo ante nadie, porque piensa que es algo inusual o socialmente inaceptable. Puede tratarse de la cosa más banal del mundo, pero lo cierto es que si se lo guarda acabará invariablemente por sentirse culpable, que es siempre el primer paso para sentirse “especial”, lo que en el fondo equivale a creerse único, compararse con los demás en términos de mejor o peor y sufrir una barbaridad, porque si uno es único los demás siempre serán una amenaza. Ya lo dijo el poeta: “…y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso“.

Lo cierto es que el mundo está lleno de locos, benignos o malignos, y que todos, todos sin excepción, somos víctimas de la excentricidad. Hay gente para todo: hay quien adora perder las horas de sobremesa viendo cómo un puñado de pánfilos hablan de cuando éste se acostó con aquélla; hay quien es capaz de amargarse un lunes porque la noche anterior sus once chicos no dieron las patadas adecuadas, en vez de alquilarse una de kung fu. También hay quien puja en Internet por un chicle mordido que lo enfurecería de llevarlo en la suela del zapato, quien colecciona sellos usados (o muñecas de porcelana o estampitas de la virgen o multas de tráfico, o mechones de pelo o cera de orejas), quien cree que la mujer con la que se acostado lo considera un atleta, olvidándose de que le ha cobrado una fortuna. (Yo mismo no dejo de escuchar de forma obsesiva, a diario, las canciones de Paul Weller, lo que en principio no parecería raro, de no ser porque ya van muchos años seguidos que no escucho nada más y sigo sin cansarme. Un día me lo encontré en un supermercado, a las ocho y media de la mañana, y escapé de allí acojonado, sintiéndome un fan, y apagué el iPod.) Ymelda Marcos y Michael Jackson sólo tuvieron dinero para llevar a la práctica sus fantasías, pero lo cierto es que en cualquier casa de vecinos hay alguien que parece serio y es funcionario y los vecinos lo ponen como ejemplo de conducta a sus hijos… Hasta que luego descubren que el vecino aprovechaba las noches de domingo para disfrazarse de folklórica, de rapero o de personaje de Star Trek. O que canta en un coro. Ya te interese la física nuclear, la doma de pulgas o las mujeres cuyos pechos pesen más de ocho kilos, recuerda que no eres el único. Seguro que para algunos ocho kilos no es nada.

El pseudónimo de Susan Smith esconde a una mujer que afirma que sólo se sentirá completa cuando haya perdido ambas piernas. En junio del año pasado consiguió por fin que le amputaran la izquierda, después de increíbles sufrimientos y quemaduras diversas que se provocó ella misma para que los médicos la tomaran en serio. Ella sí que se toma en serio y, según afirma, nunca falla. Uno encuentra su testimonio en este vínculo de the Guardian. Su lectura es como hacer gárgaras con gasolina sin plomo: marea un montón y tal vez sea tóxico, pero lo cierto es que limpia las encías como nada en el mundo.

¿Crees que eres raro? No, no lo eres. A día de hoy no es fácil, y para serlo hay que estar dispuesto a que te corten ambas piernas, y tal vez las orejas, y tal vez el rabo, como el alemán ese que puso un anuncio en Internet y encontró a alguien dispuesto a comérselo. En el fondo, no eres sino un vulgarcillo. Como tú, como yo y como tu vecino el tímido. O como Paul Weller, que afirma que no es cierto que se pase todo el día escuchando sin descanso a su banda favorita, los Small Faces, que se disolvieron hace ya más de treinta años: “No, no todo el día, sólo por las mañanas, de diez a doce y media, nada más”. Esta frase, que para cualquier otro suena a paparrucha, para mí fue un consuelo y un descanso, la verdad.



JESÚS
15, 01 2007, 10:46 am
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Sí, es lunes. Un lunes de enero, para colmo. Los pesimistas dirán que quien no se ha gastado lo que no tenía durante las navidades ha dejado ya de intentar llevar a la práctica sus buenos propósitos para el año nuevo. A pesar de que a algunos les afecta más que a otros, a nadie se le escapa la naturaleza de este decaimiento. Nosotros lo llamamos la Cuesta de Enero. Los anglosajones, que tienen siglas para todo, lo llaman SAD (Seasonal Affective Disorder), y lo descubrieron gracias a un estudio pagado por unas agencias de viajes: al parecer, cuando uno está triste tiene menos ganas de comprar billetes de avión.

No obstante, no hay razón para no ser positivos. Eso, al menos, es lo que opina un 25 por ciento de los estadounidenses, que ha respondido afirmativamente a una encuesta realizada para conocer si consideran posible una nueva visita de Jesús a la Tierra en este año de James Bond, el 2-007. Lo cierto es que, al menos a mí, la idea me llena de curiosidad. No tanto por el final, pues su encuentro con los humanos sólo puede desembocar en su asesinato, ni por su mensaje, inmortal aunque somnoliento como el amor, sino por los pequeños detalles: tal y como hemos dejado los océanos, es probable que se vea forzado a clonar peces para multiplicarlos y dar así de comer a los hambrientos. Como sucede con tantos a quienes nos encontramos hasta en la sopa, como Beckham o Blair o Paulo Coelho, hemos llegado a dudar de su existencia, por sobrepoblación de comentaristas y clubs de fans, pero no cabe duda de que fue un personaje carismático, como sólo puede serlo aquel que inspira a un australiano baturro como Mel Gibson a rodar una película en arameo.

El instrumento de tortura que usaron para liquidarlo se ha convertido en el logo más famoso de la historia y tal vez, quién sabe, dentro de unos años, si uno de cada cuatro estadounidenses está en lo cierto, la gente se cuelgue del cuello pequeñas sillas eléctricas, horcas, AK-47s, la palabra Guantánamo o la palabra Cofidis, un cutter, un avión o la foto del cantante Bono, y pague unas monedas por encender velitas eléctricas en una iglesia que huela a madera y polvo y cera derramada. En mi caso, opino que aunque sólo dedique hoy un minuto a pensar en lo poco que ha cambiado el mundo desde su anterior visita ya habré hecho de este lunes un lugar más consciente de la mierda de caso que hacemos a quienes consideramos nuestros profetas. Y que si además empleo medio segundo en imaginar cómo estaría este mismo mundo, de amar yo al vecino como a mí mismo, pues miel sobre hojuelas. Y si luego no viene, o no viene convertido en Uma Thurman, que es en el fondo lo que deseamos todos, pues no pasa nada.



SAUL BELLOW
4, 12 2006, 11:22 am
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Sí, es lunes. Uno entre los 52 lunes que tiene el año. Cuando contaba 80 -años-, Saul Bellow, tuvo un nuevo hijo. Creo que fue con su cuarta o quinta esposa, a la que como poco doblaba en edad. Bellow, que había pasado más de la mitad de su vida sin un duro, menospreciado por sus ricos hermanos con su florecientes negocios, menospreciado por su amargado padre, que siempre lo creyó un inútil, ahora era un flamante premio Nobel de Literatura. También era rico. La gente lo adoraba. De cuando en cuando lo invitaban a impartir conferencias y charlas, seguidas por lo general de un turno de preguntas. En una de éstas un viejo se levantó del asiento y lo interpeló por su reciente parternidad. En concreto, le preguntó cómo era posible tener un hijo con ochenta años. Tal como lo cuenta James Atlas en su maravillosa biografía, Saul Bellow se lo dijo en dos palabras:

-Práctica, práctica.

No te resignes a ver otro lunes en el día de hoy. Es sólo una nueva jornada para estar alerta, para ir hacia donde nos dirigimos, para escribir ese libro maravilloso o para prepararte para fecundar a tu quinta mujer. Ánimo.
(c) Iñigo García Ureta, 2006.



JAMES BOND
27, 11 2006, 12:09 am
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Sí, es lunes. Nada como compararte con un canalla para sentirte mejor, para recordar que eres un ciudadano modelo, un hombre de bien. Acuérdate, por ejemplo, de James Bond, un funcionario inglés que gasta un montón de dinero público en fondos reservados, sobornos y farras y mujeres y asesinatos, y luego se siente apesadumbrado y tiene remordimientos porque se pasa el día rodeado de mafiosos, chorizos, presidentes de multinacionales, marbellíes, proxenetas, directores de periódicos y bancos, seguratas, putones y políticos de los que hablaban de que Irak estaba lleno de armas de destrucción masiva, y que en cuanto les das la espalda te pegan una puñalada trapera. Lo que sucede es que, desde que les bailan el agua a los americanos, en el Reino Unido esas cosas las tapan; no como aquí, que se descubrió lo del GAL. En cualquier caso, el tipo ha vendido su alma al diablo, todo a cambio de un BMW y un reloj Omega. No cuenta con un solo amigo de quien fiarse. Por la noche el recuerdo de los muertos no le deja dormir. No le tengas envidia.

Y ánimo, que sólo quedan cinco días y para colmo eres de carne y hueso.

(c) Iñigo García Ureta, 2006.