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Se veía venir: tanto porno gratis gratis a altas horas, tanta modelo despelotada para vender margarina, tanto programa de cotilleos con galanes incansables y ninfas sedientas… todo eso ha acabado por convertirnos en unos acojonados. Según una encuesta británica de noviembre del año pasado y publicada en The Lancet -no incluyo vínculo porque es de pago-, un tercio de la población inglesa entre 16 y 24 años (que es la edad cuando uno no se cree lo que pone en las esquelas de las cajetillas de tabaco) se abstuvo de mantener relaciones sexuales durante el último año. Dado que por lo general la gente miente al revés (es decir, exagera sus dotes amatorias) y que Inglaterra sigue siendo un país medianamente sincero a la hora de contestar encuestas, o al menos más que España, no parece una locura sugerir que nos brindamos menos cariños que nunca. El sociólogo Frank Furedi elucubra que quizás se deba a que la gente cada vez tiene más miedo a no estar a la altura (lo que equivale a decir -pongamos un ejemplo chusco- que uno deja de pegarle patadas a un balón porque vio una final de la Champions) , o a no ver satisfechas sus espectativas (lo que equivale a decir -pongamos otro ejemplo insulso- que la gente prefiere no ducharse porque puede fallar el agua caliente y menudo chasco).
Por lo general, el sexo no es sino un reflejo de todo lo demás, aunque tendemos a darle mucha importancia poque habitualmente nos pilla en pelotas. Así, hay quien se niega a hablar en otro idioma que ha estudiado por no meter la pata o carecer del más pulido acento autóctono, quien jamás aprenderá a pintar por no poder ser un Picasso y quien, como yo, jamás se atreverá a bailar porque no tiene ni puñetera idea de cómo hacerlo. Cuando esto sucede, uno puede dejar de darse tanta importancia como para aceptar que no es el puto amo en todo lo que hace, por ejemplo, o, si la ninfa sigue sedienta, ofrecerse a hacer el desayuno.
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Éste es el lema de este blog, cuyo autor, un gran bocazas, se lanzó a brindar sugerencias para llevar una vida sana sólo cuando aceptó que no conocía a nadie menos capacitado para hacerlo.
Ningún político se escribe los discursos, y aun así les votamos.
Y a veces somos capaces de decir algo de sustancia, incluso a nuestro pesar.
Lo que no sólo demuestra que siempre seremos capaces de sorprendernos, sino también que jamás estamos seguros de por dónde nos llegará la ayuda.
(c) Iñigo García Ureta, 2006.
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Lo que más me gusta de esta frase, con diferencia, es que todos la usamos para comernos el coco, excusarnos por darnos a la pereza, soltar sermones a quien no los precisa. Por tanto, valgan tres aclaraciones:
1. Antes fue el huevo. Aunque no era de gallina, pero por algún lado había que empezar.
2. Matar el rato no mata. Por tanto, si no sabes qué hacer, tómate tu tiempo hasta que lo veas claro o te aburras.
3. Todo cambio implica desconcierto. Si no, no sería cambio, pero si te fijas a todos nos sucede lo mismo, y eso a veces consuela.
(c) Iñigo García Ureta, 2006.
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Inauguramos una nueva sección del gurú Thelonious con esta joya de la sabiduría. Y lo hacemos porque tantos años de teleseries americanas, o de sus aún más necias copias europeas, han logrado aborregarnos lo bastante como para que merezca la pena recordar tres cosas al respecto:
1) Uno se pasa de listo cuando se cree mejor que otro.
Por mucho que me crea Supermán no saldré volando.
2) Cuando te pasas de listo te pillan siempre.
La infancia no es mojar la cama, sino ese miedo tan apremiante al qué pensarán de mí.
3) No hay nada más habitual que pasarse de listo en alguna ocasión.
Basta con ser consciente de que no tiene por qué ser un fenómeno irreversible.
(C) Iñigo García Ureta, 2006.
